10.1.12

del puente



Si uno mira el mar y esos turistas que lo quieren abarcar todo,
puede distinguir dos tipos de espectadores:
los adultos que tienen por costumbre evitar la contemplación:
hacen de cuenta que no existe durante el año pero
ni bien se enfrentan a ese bloque salado de ondulaciones
no pueden más que intercalar su admiración con señalamientos hacia afuera:
como si no toleraran la fijeza que conlleva el espectáculo.
Los niños, sin embargo, quedan prendandos en su contemplación:
una vez que consiguen el sitio adecuado donde sentarse cómodamente,
se afanan en la actividad de espectadores.
Puede percibirse su estadío de hormiga dentro de cataratas.
Y sin embargo, insisten en su fijeza.
Sólo se retiran luego de retirados tironeos de extremidades
causados por los progenitores que, apurados,
recuerdan que deben irse de inmediato de allí.

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