Odio los hospitales. Desde que tengo ¿memoria? Ahora estoy sentada en una camilla (como hace una semana) y los pies me cuelgan al igual que cuando cuando tenía cinco años y me sentaban a la mesa familiar. Y ahí mordía adrede el tenedor hasta el final sólo para molestar a hermano. Contaba con la impunidad del niño de cinco al que le cuelgan las piernecitas. Ah me olvidaba: también tengo un suero conectado al brazo y no he de moverlo mucho para que no salga sangre demás. Ya un poco cansada apoyo la espalda entera contra la pared de utilería de la guardia. Siento cómo el enfermero a mi lado refunfuña por mi torpeza: debo quedarme quieta.
Tengo la seguridad de que al lado están garchando: el ambiente está tibio y nebuloso y además los turnos son sempiternos. No podría ser de otra forma. me miro los pies como colgando y en diagonal una chica cuenta que hace dos días no tiene útero ni ovarios.
5.5.11
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Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderSuprimirInteresante. Sabés que aunque me siente en una silla normal, mis pies cuelgan sin llegar facilmente al piso... soy algo así como una niña eterna de las rodillas para abajo...
ResponderSuprimirUna tristeza.
Es un gusto pasar por aca.
Reina.
pasan cosas extrañas en las guardias...*
ResponderSuprimirafter da bomb. buenísimo.
ResponderSuprimirque buena imagen tan deprimente Gab !!
beso :)